A la hora de comprar una plancha profesional, uno de los factores que más va a condicionar tu día a día en cocina es el material de la placa. No todas están fabricadas igual, ni todas responden igual al ritmo de trabajo de tu negocio.
Generalmente existen 3 tipos: acero pavonado, acero rectificado y cromo duro. Te contamos las ventajas e inconvenientes de cada uno para que elijas con criterio.
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Acero o hierro pavonado: la opción más económica
Es la placa más fina de las tres, lo que hace que la superficie se caliente muy rápido. Por eso, es ideal para trabajos de baja demanda: negocios pequeños o uso doméstico, donde no se exige un rendimiento continuo. Sin embargo, tiene sus limitaciones:
- Necesita mucha limpieza y mantenimiento para evitar la corrosión.
- Al ser una placa tan fina, no puede mantener una temperatura uniforme si se carga con mucha comida fría de golpe.
En resumen: es una buena opción si buscas ahorrar en la inversión inicial, pero no está pensada para un uso intensivo.

Acero rectificado: potencia y resistencia para uso intensivo
Si lo que buscas es potencia, rendimiento y aguante para largas jornadas, el acero rectificado es una excelente opción.
Alcanza la temperatura adecuada relativamente rápido y la mantiene estable gracias al grosor de la placa. Además, soporta bien golpes y arañazos, algo clave en cocinas de alto ritmo.
Su punto débil está en la superficie: al ser porosa, es sensible al deterioro a medio plazo. Para alargar su vida útil, necesita un mantenimiento diario, aplicando una capa de aceite al terminar la jornada para evitar la oxidación de la placa.

Cromo duro: la opción más resistente del mercado
El cromo duro es una capa que se aplica sobre la placa de acero, y que la hace mucho más dura y resistente al deterioro. Es, sin duda, el material más agradecido para cocinar:
- Si sabes cómo usarlo, los alimentos no se pegan.
- Tiene alta resistencia al óxido y la corrosión, lo que alarga considerablemente la vida útil de la máquina.
- Mantiene mejor el calor dentro de la placa, lo que se traduce en menos consumo energético.
- Es muy fácil de limpiar, gracias a su superficie lisa.
- Prácticamente no necesita mantenimiento más allá de la limpieza diaria.
Eso sí, también requiere ciertos cuidados: a altas temperaturas, el material es más sensible, por lo que recomendamos usar siempre espátulas con cantos redondeados, nunca rasquetas.
En cuanto a tiempos, tarda unos minutos más que el acero rectificado en llegar a los 300°C. Pero una vez lo consigue, se estabiliza y mantiene el calor mejor que ningún otro material.

¿Cuál elegir?
Cada material tiene su punto fuerte, y la mejor opción depende de tu volumen de trabajo, tu presupuesto y el tipo de mantenimiento que puedas asumir día a día:
- Acero pavonado: económico, ideal para demanda baja.
- Acero rectificado: potente y resistente, perfecto para uso intensivo con mantenimiento diario.
- Cromo duro: máxima resistencia, mejor eficiencia energética y mínimo mantenimiento.
Antes de decidirte, piensa qué se adapta mejor a tu negocio. Y si tienes dudas, puedes contactarnos, y estaremos encantados de asesorarte.